Featured General

El coronavirus limpia la atmósfera china

Desde el aire, Shanghái siempre impresiona. Esta megalópolis de 24 millones de habitantes, capital económica de China, es una gigantesca jungla de asfalto. No obstante, desde hace un mes, lo que más llama la atención no son sus rascacielos y sus autopistas elevadas hasta en cinco alturas, sino el hecho de que estén casi vacías.

Según herramientas ‘online’ como Gaode Map, el tráfico rodado en la ciudad ha caído en torno a un 40% en comparación con el del 25 de enero. La razón es clara: la epidemia del coronavirus que se originó en la ciudad de Wuhan ha provocado un parón sin precedentes en la actividad de la segunda potencia mundial.

Hay otras estadísticas que dan cuenta de la magnitud de este batacazo que amenaza la economía del gigante asiático. Por ejemplo, según la Asociación China de Fabricantes de Automóviles, la venta de coches entre el 1 y el 16 de este mes ha caído un 92% hasta los 4.909.

“La mayor parte de los concesionarios ha permanecido cerrada y los que han abierto apenas han recibido clientes”, ha explicado la Asociación en un comunicado que augura tiempos difíciles para la industria de automoción. En general, con casi 60 millones de personas en cuarentena y varios millones más afectadas por restricciones en el movimiento, el consumo se ha desplomado.

Por su parte, el sector manufacturero también está teniendo problemas para retomar la actividad. La falta de mano de obra, incapaz de moverse por el país, y los problemas de transporte provocan escasez de materias primas y de componentes. La cadena de suministro global se ha roto en varios puntos, y las fábricas que logran levantar la persiana lo hacen de momento lejos de su máxima capacidad. “Nosotros estamos trabajando al 40% y todavía tenemos bloqueados a 98 de nuestros 350 empleados”, comenta Antxon San Miguel, director de Operaciones de Tucai, fabricante de tuberías, en la ciudad de Ningbo.

A falta de datos macroeconómicos que sirvan para cuantificar el impacto económico de la epidemia, y que seguramente se publicarán en abril con las cifras del primer trimestre, Carbon Brief resalta en un informe uno de los pocos aspectos positivos de la infección: las emisiones de CO2 de China, el país que más contamina del mundo, se han reducido en un 25% en las últimas dos semanas.

En gran medida, eso se debe a la reducción de la demanda eléctrica, que ha dejado el uso de carbón en centrales térmicas en mínimos de los últimos cuatro años. Tanto las refinerías de petróleo como los fabricantes de acero han reducido su actividad hasta mínimos nunca vistos en el último lustro, y el número de vuelos domésticos ha caído un 70%.

Carbon Brief estima que el coronavirus ha reducido las emisiones globales de CO2 en 100 millones de toneladas, un 6% del total en ese período, y que la coyuntura actual también ha propiciado que se hayan desplomado los niveles de otros contaminantes atmosféricos: la concentración de dióxido de nitrógeno, por ejemplo, ha caído hasta un 36%. Por su parte, la OPEC estima que la crisis sanitaria podría reducir la demanda de petróleo un 0,5% entre enero y septiembre, y eso sin tener en cuenta que la epidemia podría extenderse, como está sucediendo, a otros países fuera de China.

No obstante, Carbon Brief subraya que este es un alivio temporal, ya que, obviamente, el impacto medioambiental volverá a crecer cuando China retome la actividad al 100%. Es incluso posible que empeore debido a la necesidad de forzar la producción a máximos nunca antes vistos para satisfacer una demanda que rebotará con fuerza para compensar las pérdidas anteriores. No en vano, organizaciones internacionales como el FMI o instituciones como Goldman Sachs recuerdan que a la recesión económica provocada por las epidemias le suele suceder un fuerte rebote, tanto en la actividad industrial como en el consumo.