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Una tragedia silenciosa sobre el aborto adolescente de Eliza Hittman y Hong Sangsoo elevan la Berlinale a su instante de gloria

El martes en la Berlinale fue un día para las mujeres que corren. No necesariamente que huyen. Y no hablamos tanto de ejercicio físico como metafísico. Político incluso.

Más allá de la presencia estelar del documental sobre Hillary Clinton firmado por Nanette Burstein, lo importante estaba en una competición oficial que se aproximó a lo más parecido a su momento de gloria. O casi. Por un lado, Eliza Hittman presentaba ‘Never rarely sometimes always‘ e inundó de vibrante realismo la odisea turbia, injusta y obcecada de una mujer que aborta. Desde ya, y con permiso de Kelly Reichart, la más firme candidata al Oso de Oro. A su lado, el coreano Hong Sangsoo continuó, en la que hace su película número 24, con su detallada aproximación a la gravedad de lo ingrávido, a la más íntima condición humana.Cada vez más depurado, más minimalista, más intenso. El título, como no podía ser otro, ‘The woman who ran’ (la mujer que corrió).

Se diría que la jornada se inundó del espíritu de, por qué no, el ‘Angelus Novus’ del pintor Paul Klee que tanto obsesionó al filósofo Walter Benjamin. Como escribió el autor alemán en ‘Tesis sobre la filosofía de la historia’, lo que nos impulsa a rebelarnos contra la injusticia nunca ha sido el sueño de liberar a nuestros nietos de todos nuestros errores, sino el recuerdo de la esclavitud de nuestros mayores. “Desde el paraíso”, escribía Benjamin apocalíptico, “sopla un huracán que se enreda en las alas, y que es tan fuerte que el ángel ya no puede cerrarlas. Este huracán le empuja irresistiblemente hacia el futuro al que él ha vuelto la espalda, mientras la montaña de escombros frente a él crece hacia el cielo”.

Ese ‘Angel Novus’ son mujeres que corren y lo hacen impulsadas por el huracán inevitable que se empeña en dejar atrás una impertinente y muy patriarcal montaña de injusticias. Amén.

Eliza Hittman continúa con el argumento que le lleva a completar en su último trabajo una suerte de trilogía dolida y asustada. ‘It felt like love’ (2013) y luego ‘Beach rats’ (2017) capturaba a flor de piel la incertidumbre de dos adolescentes en el límite de todas las dudas, de cada uno sus desconciertos. Ahora, un paso más allá, se coloca en la mirada de una joven de 17 años que aborta en silencio, a oscuras y en la más absoluta soledad. O casi. La protagonista (Sidney Flanigan) y su amiga (Talia Ryder) huyen de su Pennsylvania natal a Nuevo York. Serán apenas dos noches.

La directora convierte este argumento mínimo en un auténtico y soberbio viaje al fondo de la noche. De todas las noches posibles. Con una precisión desusada, sin subrayar ni una línea, dejando que el dolor respire por todas las innumerables heridas, Hittman se las arregla para componer una rara, ausente y muy profunda sinfonía del dolor. La fotografía entre saturada y solo rota, la banda sonora necesariamente fracturada, y la mirada partida en pedazos, componen un universo extraño y muy cercano a la vez. Profundamente emotivo o, mejor, emotivo por dentro. Son las ruinas que el ángel contempla mientras es arrastrado hacia el futuro, que diría Benjamin.

No se trata tanto de denunciar nada en concreto como de poner en tela de juicio todo en general. No es si está prohibido o no; no es si los formularios acerca del abuso (a eso se refiere el título) están mal o peor diseñados; no es si la sociedad en general es más o menos permisiva. No, se trata de que todo está pensado y construido para la más evidente de las humillaciones en el más vulnerable de los cuerpos. El resultado es lo más parecido a un milagro pagano, a una cantata laica, al dolor, a la injusticia. Una mujer que corre.

LAS PIEZAS SERIALIZADAS DE HONG SANGSOO

A su lado, Hong Sangsoo insistió en su ideario sin mover una sola coma del libro de estilo. Como viene siendo norma en sus últimos trabajos (con dos obras maestras como ‘En la playa sola de noche’ y ‘El hotel a orillas del río’), el director insiste en componer sus historias como piezas serializadas. Esta vez, son tres los relatos que se ‘repiten‘. Un mujer con su marido en viaje de negocios se encuentra o visita a tres amigas. Y desde ahí surgen las conversaciones que en realidad están ahí para escuchar el ruido de fondo. O, por seguir con el símil del ángel, las ruinas de todo esto.

Siempre al ritmo ternario de plano largo, zoom y el recuerdo de una vieja borrachera. El resto es el alma que, como los rostros de la película de Hittman, se despedaza. Lo que se ve a través no es más que eso que el tiempo, el misterio y el simple despiste han dado en llamar la condición humana. La mujer que corrió.