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“Si no nos mata el virus, lo hará la tristeza”

María Yéboles se quedó viuda a los 57 años. Ahora tiene 89 y sigue luchando. Entonces era por su pensión de viudedad —”me encontré a Javier Arenas en un restaurante cuando era ministro de Trabajo y tuvimos una discusión”— y ahora pelea para que las mujeres de su edad no se queden en casa solas, aisladas, acobardadas por el virus, enfermas de tristeza.

“Hace unos días, a medianoche, me llamó una amiga”, cuenta la presidenta de la asociación de viudas de Zamora, “y me dijo: ‘María, tengo mucho miedo, me siento muy mal, llevo tres meses sin pisar la calle’. Me contó que su hija no la dejaba salir por temor a que se contagiara. Así que llamé por teléfono a la hija y le dije: ‘O mañana sacas a tu madre a dar un paseo o la saco yo’. Hombre, ya está bien. Yo sé que lo hacen para protegernos, pero se equivocan. Somos mayores, no tontas”.